
- ¿Estás ahí? te necesito- dijo algo asustado.
Temía que no le respondieran, que en medio de las obscuridad no existiera alguien en quién apoyarse. Se despertó esperando abrazar a quien veía en su sueño, pero ya no estaba, aún sentía su aroma, pero no la sentía. Si no está ella su vida no tiene sentido, si no ve sus ojos, si sus brazos no lo duermen lentamente, si ella no lo toma con delicadeza, él no cerrará los ojos.
Generalmente no suelo contar historias de niños que viven sumidos en la tristeza, más aún porque prefiero las historias de niños felices que viven lo que sueñan. Sin embargo, debo hacer una excepción. Esta historia me interesa mucho, en especial esta pequeña parte de la vida de Tomás. Comencemos con su madre, una joven muy esforzada que viajó desde Viña del Mar para olvidarse del amor que la dejó. En su vientre, con dos meses de embarazo se embarcó hacia la ciudad de Santiago para buscar una salida a todos sus problemas. Quería buscar una oportunidad y comenzó lentamente a formar su vida en una ciudad que no conocía con tan sólo 17 años. Una pequeña pieza escondida en el Barrio Brasil fue su refugio, de llantos y miradas al cielo, de soledad y una nueva compañía. Cuando nació su Tomás todo cambió. Al ver sus ojos brillar por primera vez tuvo un motivo para ser feliz, un motivo para trabajar cada día, para no dormir, para dejar de sentir, para empezar a soñar de nuevo. Su trabajo le ayudaba a vivir, a respirar, a proteger a su hijo en un jardin infantil y a salir de vez en cuando para conocer la ciudad que le dio una nueva esperanza.
- ¿Estás ahi? -repitió desconsolado.
El reloj resonó en los oídos de Tommy. Sus ojos estaban encendidos, con curiosidad y miedo buscaba los brazos que antes de cerrar sus ojos lo tenían amarrado. No los veía, oscilaba sus brazos en busca de una explicación, pero el silencio le respondió sin piedad. Se quitó la manta que cubría su descanso y se bajó de la cama. la alfombra que recorría se le hacía familiar, pero en la noche se veía distinta. pensó que al bajarse de su cama encontraría a la mujer de sus ojos, y al recorrer cada detalle de la habitación, cada silencioso ruido...no pudo encontrarla.
Todos sabemos que encontrar trabajo no es fácil, y a la Mamá de Tomy se le dió una oportunidad única. Un Hotel muy destacado, con varias estrellas que lucir, le ofreció un puesto. Trabajo de recepcionista en las noches, y si encontraba estabilidad podría darle una mejor situación a su hijo. Aquella habitación que le había entregado tantas tristezas, alegrías y emociones era poco espaciosa y quería ver la oportunidad de tener un departamento. Cuando aceptó el trabajo se dió la posibilidad de que dejara a su pequeño niño en una habitación del Hotel mientras ella trabajaba. Parecdía que el viaje no estaba perdido, que realmente la vida le estaba dando otra oportunidad.
- Mami. ¿Dónde estás?- dijo con lágrimas en sus ojos.
Cada uno de nosotros posee distintos sentidos que nos permiten percibir lo que nos rodea, pero hay sentidos que están ocultos y que solo poseen algunas personas. Después de 15 meses trabajando en el mismo lugar nunca se había despertado Tommy en la noches, pero su corazón le avisó lo que sólo Dios sabía.
Solo él la vió derrumbarse, con dificultad fue hacia la recepción, y la mujer de sus ojos cayó frente a él, con el puño cerrado en su corazón. La última mirada que entregó Carolina fue hacia su hijo, él no entendió porque sus ojos se apagaron. Lo único que pudo comprender, fue que ese último abrazo que le entregó su mami era mucho más que un abrazo, incluso más que un te amo. Su mamá se lo dió todo.
No creo que alguno de nosotros comprenda lo que un niño de 3 años pueda sentir al ver morir a su madre frente a él. Tommy fue creciendo en mis brazos, luego en mis hombros y hoy ya mide lo mismo que yo, si quise hacerlo mi hijo no fue porque me diera pena o algo así, sino que lo hice porque su mirada era la misma de su mamá, una mirada cristalina, perfecta, transparente...Y al verlo caminar me imagino lo orgullosa que debe estar Carolina de su hijo, por el que tanto luchó. Y que aunque no lo crean, tiene algo muy especial que puede cambiar el mundo. Desde los 3 años, le enseñaron a amar de verdad.
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