Hay muchos tipos de temblores. Los que mi pluma prefiere son los de tus labios cuando hace frío, porque pienso que los puedo dejar de hacer temblar con un beso, pero despues del beso tiemblan más aún. O quizás el temblor de tus manos cuando se acercan a las mías, ese si que me gusta; porque dices con la mirada "mis manos te aman", aunque al mismo tiempo hacen temblar a las mías. O cuando tus piernas tiemblan de emoción, y te pones a saltar de la alegría. El curioso es el temblor de tu corazón, algunos le llaman latido, yo le llamo temblor. Pues se siente cada uno de los temblores al abrazarte, y preferiría que nunca dejáramos de hacerlo, que sea un abrazo eterno.
En los días de frío se ve temblar a muchas personas, en las calles van y vienen. Y en estos días se ve más que nunca. Quiero que llegue luego el invierno, ahí si que verán a muchas personas temblar.
El único problema es cuando el temblor se produce por miedo, me hace recordar todas las veces que lo he tenido. ¡Han sido tantas! Como cuando te dije por primera vez que te amaba, o cuando tengo miedo a perder a alguien importante: ¡Ese miedo no se lo doy a nadie!
Por eso, el temblor que produce mi cuerpo al dormir es comprensible, ya que cada noche me acuesto con miedo a perder a algún ser querido, aunque mi corazón se tranquiliza con la voz de mi ángel de la guarda que me dice: duerme querido amigo, duerme.

