lunes, 29 de marzo de 2010

Temblor


Hay muchos tipos de temblores. Los que mi pluma prefiere son los de tus labios cuando hace frío, porque pienso que los puedo dejar de hacer temblar con un beso, pero despues del beso tiemblan más aún. O quizás el temblor de tus manos cuando se acercan a las mías, ese si que me gusta; porque dices con la mirada "mis manos te aman", aunque al mismo tiempo hacen temblar a las mías. O cuando tus piernas tiemblan de emoción, y te pones a saltar de la alegría. El curioso es el temblor de tu corazón, algunos le llaman latido, yo le llamo temblor. Pues se siente cada uno de los temblores al abrazarte, y preferiría que nunca dejáramos de hacerlo, que sea un abrazo eterno.

En los días de frío se ve temblar a muchas personas, en las calles van y vienen. Y en estos días se ve más que nunca. Quiero que llegue luego el invierno, ahí si que verán a muchas personas temblar.

El único problema es cuando el temblor se produce por miedo, me hace recordar todas las veces que lo he tenido. ¡Han sido tantas! Como cuando te dije por primera vez que te amaba, o cuando tengo miedo a perder a alguien importante: ¡Ese miedo no se lo doy a nadie!


Por eso, el temblor que produce mi cuerpo al dormir es comprensible, ya que cada noche me acuesto con miedo a perder a algún ser querido, aunque mi corazón se tranquiliza con la voz de mi ángel de la guarda que me dice: duerme querido amigo, duerme.

Un Otoño Vehemente

Luego de que el sol se cansa de salir y bañarnos con su ternura llega el otoño. Esperamos ansiosos su llegada, donde hojas caen nostálgicamente de los árboles secos de su flor, donde los ojos se posan en las nubes que cada día visitan nuestras almas, dónde inexplicablemente le buscamos el sentido a tanta maravilla y sin más, nuestras hojas caen de nuestros labios por el dolor de no sentir amor; simplemente queremos encontrarlo, pero no sabemos dónde está. Nos preguntamos si es que el amor nos rodea, pero no nos damos cuenta, porque solo vemos esas hojas caer, y no vemos que caen porque así habla la naturaleza. Nos quedamos en silencio, vemos su actuar, su forma de expresarnos ese amor tan puro. Ahí logramos liberar toda esa pasión tan escondida que por años hemos soñado sentir, que juega con nuestros sentimientos y nos obliga a desear con un anhelo tan intenso tanto amor camuflado en el olvido de este otoño tan silencioso. Luego de las hojas, llega el viento que no habla, solo respira, porque sabe que guardamos un silencio absoluto dentro de nuestras almas, ansiosas por salir a la luz de las lágrimas que botan las nubes. Ese momento me gusta, cuando gota a gota el cielo nos demuestra cuanto nos quiere y nos brinda de tanta sutileza y sencillez en esa agua tan abundante que cae sobre nuestras mejillas. Amo ver tus mejillas en el otoño, amo ver como se acercan a mis ojos y observar ese momento tan inolvidable que me hace sentir cuánto te quiero y cuánto espero cada momento junto a ti. El otoño es distinto porque tú estás a mi lado, sin ti sería invierno, sin tu respirar, sin tu rubor, si tu supieras todo lo que siento cuando estás cerca, quizás es difícil decirlo porque se forman nudos en mi garganta, pero sé que el otoño hablará por mí, entre la pena y la alegría de estar y no estar contigo, entre las nubes y el sol,
ahi estaré y siempre junto a ti. Aunque no te des cuenta, siempre lo estaré porque eres mi sol en cada nube, en cada silencio, porque nuestros ojos y nuestra pluma hoy se unieron, al comenzar el otoño.

*Escrito junto a Little Bird.


domingo, 28 de marzo de 2010

Estar


Pasaron muchas cosas en tan poco tiempo. Asi que lo mejor es estar. Quedarse en silencio sin hacer nada más que estar. Mi pluma plasmó con sangre que no era de ella algunos poemas. Incluso no quería escribir más. Pero algo fue más fuerte, quizás el deseo de no quedars en donde está, quizas sentir la lluvia de algo sirvió, y aunque la enfermedad la dejó herida, ya está sanando.

Los días de otoño provocan esto, nos demuestran que los caminos pueden ser un poco mas borrosos de lo que parecen, que puede que ese tono gris del cielo no significa tristeza, sino que las nubes están viajando y van apuradas, tanto así que solo alcanzamos a ver una pisca de ellas, "solo vemos un trozo de la nada", me dijo un vecino filósofo. Pero yo lo sé, sé que algo oculta este otoño, que esta vez algo pasará distinto de otros años. Que esta vez los abrazos serán menos dulces, pero más tiernos; los besos con más amor, pues el que no vive el otoño desde el corazón, no está preparado para recibir el invierno.