
La Luna cuenta sus propias historias, muchas veces tratan del cielo, muchas de la tierra; pero siempre tratan de lo que ve, y ella sabe de ver, en un día entero alcanza a verlo todo. Ella sabe del silencio, porque cada vez que mira hacia la tierra está a obscuras y sin voz, le encanta observar como todos descansan. Pero si de historias se trata quería contarles un relato que compartió conmigo esta noche, de una Cajita Musical.
Había una niña muy pequeña que cada tarde se sentaba a conversar con su abuelito, podía pasar horas sin que el tiempo le dijera algo. Él solía hablarle de aventuras, de reyes antiguos; luego jugaban damas, otro rato jugaban naipes y al final antes de que la noche terminara lo que la Luna alcanzaba a apreciar a tal distancia era el sonido contínuo de aquellas notas que al unísono eran mucho más que música. Al terminar ya los ojos de su nieta estaban cerrados, y suavemente la llevaba a su dormitorio para que viaje tranquila al país de los sueños.
Al despertar ya no escuchaba el sonido armonioso que la hizo viajar. Y cuando la luna ya se había ido, también se fue el alma de su abuelo. No es fácil recibir una noticia así al despertar, más si antes de cerrar los ojos lo tenía en frente. Su olor aún resonaba en sus narices, y no quería aceptar la muerte del ser que más amaba en ese entonces. Se prometió nunca más amar a alguien, y encerró sus sentimientos en aquella Cajita Musical.
El tiempo pasaba y la cajita yacía escondida de todo y de todos. Porque no quería sentir, no quería escuchar esa melodía que le recordaba la noche anterior que más amó, la noche en que su abuelito se despidó en el silencio. Cada niño, cada joven que se acercaba en busca de amarla era rechazado por sus ojos. En el fondo quería sentir, quería amar; pero el dolor había sido tanto que si amaba nuevamente, arriesgaba volver a sufrir.
La Luna me contaba que extrañaba el cantar de la Cajita Musical, que si pudiese bajaría a darle cuerda tan solo una vez, para que sus oídos pudiesen encontrar esa paz, esa tranquilidad que sólo en el silencio de la noche se puede escuchar. Por eso decidí escribirles esta historia, para encomendarles esta pequeña misión, de convencer a la niña entre todos de que vuelva a amar. Para que en el momento en que la Luna ilumine sus ojos, ella vuelva a abrir esa cajita y aquel astro nocturno sonría al saber que las melodías rodearán las noches, y el corazón de ella vuelva a amar.



